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DOSMARES en la prensa: Avilés, como un cañón

abril 21, 2012

NOTICIA APARECIDA EN La Voz de Asturias EL DOMINGO, 15 DE ABRIL DE 2012

Avilés, como un Cañón

 

Viaje al fondo del mar. Contra viento y marea un grupo de científicos a bordo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa rastreó, durante once días, las profundidades del cañón de Avilés en busca de similitudes con el ecosistema de Blanes, en la costa de Girona. A los ojos de los turistas, en verano, las diferencias entre ambos mares son evidentes. Pero la ciencia puede establecer que pesan más las similitudes entre las dos costas.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Oviedo y del Centro de Experimentación Pesquera del Principado han explorado el Cañón de Avilés en busca de esas evidencias. La idea es saber si aquí, en Asturias, las masas de aire siberianas tienen un efecto sobre el ecosistema marino, al igual que sucede en la costa catalana.

Para entenderlo, José Luis Acuña, jefe de la campaña y profesor de Ecología de la Universidad de Oviedo, explica la importancia de conocer a fondo el valle submarino asturiano. En la costa catalana, las masas de aire siberiano que entran desde Europa provocan un enfriamiento de la capa de agua superficial, provocando que su densidad aumente bruscamente y se desplome hacia el fondo, arrastrando todo lo que encuentra a su paso. A simple vista, para un ciudadano de a pie, este “efecto cascada” no parece tener importancia. Sin embargo, se sabe que las cascadas en el Cañón de Blanes impiden el reclutamiento de la apreciada “gamba rosada”, provocando el fallo de la pesquería al año siguiente de producirse una ola de frío polar. Esto sucedió, por ejemplo, en el 2005. Ahora quieren comprobar si en el cañón de Avilés se producen fenómenos similares, dada su cercanía geográfica a pesar de ser mares diferentes. Es decir, comprobar si existe una teleconexión climática entre los dos mediada por episodios de irrupción de esas cuñas de aire siberiano.

Con esa intención han descendido a las profundidades. Durante once días tomaron muestras de bentos y plancton para reconstruir la estructura trófica del ecosistema y dilucidar su funcionamiento. Los resultados del estudio pueden tener implicaciones para el conocimiento de las fluctuaciones en las capturas de recursos vivos y contribuir a establecer bases más sólidas para la gestión de los recursos pesqueros. Y han encontrado mucho más de lo que creían.

Durante la expedición, fondearon líneas instrumentadas equipadas con correntímetros, mini-CTDs y trampas automáticas de partículas, que recogieron los materiales que se hunden desde la zona superficial hasta el lecho marino, a varios miles de metros de profundidad. En el fondo del cañón aún permanecen, al menos hasta septiembre, seis fondeos instalados a más de 1.000 metros de profundidad. Dentro de cinco meses volverán a la zona para retirarlos. Durante todo este tiempo tienen una labor muy importante. Registrarán las corrientes y las condiciones en el fondo del cañón, y las trampas de sedimentación, una especie de conos invertidos, guardarán muestras de los materiales que sedimentan hacia el fondo oceánico y que alimentan a los organismos que allí habitan. Es como un gran hermano marino que les permitirá, entre otras cosas, conocer el destino de los aportes de origen continental y el funcionamiento de la capa superior. Pero es que además, han logrado capturar muchas especies, algunas de ellas probablemente nuevas para la ciencia. “Han sido jornadas de mucho trabajo. Hemos cumplido el plan que teníamos y la campaña ha sido fantástica”, explica Acuña. No solo han capturado esas especies, sino que han tenido que, una a una, catalogarlas, fotografiarlas y preservarlas para que no se perdiera su información.

En las profundidades Han sido once días intensos y eso se ha visto reflejado en los buenos resultados. Han recogido muchas muestras, algunas de ellas de especies nuevas que esperan ahora ser catalogadas. En alta mar, los tejidos de los especímenes aguardaban congelados en el buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa. Ya en tierra firme, expertos de taxonomía de la Universidad de Oviedo serán los encargados de catalogar las especies, de darles una identidad. Pero muchas de ellas son totalmente desconocidas. Y son esas muestras las que, congeladas, se envían a Canadá donde se secuenciará su ADN para obtener un “código de barras” exclusivo para cada especie.

Con esa información se podrá conocer hasta su último detalle. Desde que llegan a la sede de Canadá y se obtengan los primeros resultados pasarán unos dos meses. Y cuando ya tengan su propio código de barras se incorporán a las bases de datos mundiales que existen desde hace años y donde cualquier experto podrá consultar la información de un determinado especimen. Los tesoror del cañón quedarán en Asturias. Una parte de los ejemplares que se han muestreado serán exhibidos en el musel del Centro de Experimentación Pesquera del Principado, en Gijón.

Los resultados A la campaña aún le queda un largo camino por recorrer. Han hecho una de las partes más importantes, llegar al fondo del Cañón y remover las aguas para exprimir toda la información posible del ecosistema. Ahora queda la parte más laboriosa. Analizar y catalogar todo el material y comprobar si efectivamente las cuñas de aire siberiano afectan al ecosistema del cañón de Avilés y modifican la actividad pesquera.

En septiembre volverán al fondo del mar para recoger los fondeos. “Hemos avisado de su instalación a las cofradías de pescadores”. Será un paso más en la campaña. La expedición comenzó el día 2 de marzo. Aquel fue un día muy intenso, preluido de lo que sería el resto de la campaña. A las nueve de la mañana desembarcaron del puerto de El Musel, en Gijón. Antes de partir, tocó jornada de carga, estriba, acomodos de los científicos y reuniones para planificar las operaciones.

El primer día lo dedicaron a fondear el cañón. Aunque su idea inicial era combinarlo con otras operaciones para recoger muestras, el temor de una vuelta a casa antes de tiempo y sin instalar el equipo por la llegada de un temporal, puso a todos los expertos a trabajar a contra reloj. Y el esfuerzo mereció la pena. Los corales no se hicieron esperar. Tampoco los peces abisales, braquiópodos, antozoos, briozoos, esponjas, gasterópodos, crustáceos. Durante la expedición, los expertos lograron llegar hasta los 4.700 metros de profundidad.

La expedición trabaja conjuntamente el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e investigadores de la Universidad de Barcelona. La expedición se enmarca dentro de la campaña Biocant1 que forma parte de las actividades del proyecto Dos Mares en el que participan el grupo de Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona –bajo la dirección de Miquel Canals–, el CSIC –bajo la dirección de Joan Batista Company–  del Grupo de Oceanografía de la Universidad de Oviedo –con José Luis Acuña–, como investigador principal de la campaña, y el Centro de Experimentación Pesquera del Principado (CEP), bajo la dirección de Lucía García. Además, colaboran en el proyecto, el videodocumentalista de temas marinos Jorge Chachero y varios alumnos del máster internacional Erasmus Mundus Marine Biodiversity and Conservation en el que participa la Universidad de Oviedo. Los estudiantes que participaron en la expedición provienen de Universidades de Chile, Colombia, Bélgica y Ghana.

De cara a continuar con la labor de investigación, el profesor de la Universidad de Oviedo, Acuña insiste en que se facilite a la gente joven la participación en las campañas.